Respira allí el hombre, con el alma tan muerta,
Quien nunca se ha dicho a sí mismo,
¡Esta es la mía, mi tierra natal!
cuyo corazón nunca ha ardido dentro de él,
Como en casa sus pasos se ha vuelto
¡De vagar por una playa extranjera!
Si tales allí respiran, ve, márcalo bien;
Para él no se hinchan los éxtasis de Juglar;
Por altos que sean sus títulos, orgulloso de su nombre,
Ilimitada su riqueza como deseo puede reclamar;
A pesar de esos títulos, poder y pelf,
El desgraciado, concentrado todo en sí mismo,
Viviendo, perderá el justo renombre,
Y, doblemente muriendo, descenderá
al vil polvo, de donde brotó,
Sin llorar, sin honrar y sin cantar.